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Socorro de lo Alto


Socorro de lo Alto


¿MARA O ELIM?


Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. Salmo 121:2.


¿Dónde estás? ¿Estás en elim. O en Mara?


Jesús no prometió que en esta vida viviríamos sobre un lechote de rosas. Por más hermosas que sean las rosas, cada ramo de rosas tiene sus espinas. La vida es una mezcla de lo amargo y lo dulce; de tristeza y felicidad; de pena y de gozo. Por más amarga que sea, hay mucho que podemos aprender en Mara.


Alguien dijo alguna vez: "Caminé una milla con el placer; me habló todo el camino, pero no me enseñó nada. Caminé una milla con el dolor, y no me dijo ni una palabra; pero ah, las cosas que aprendí cuando el dolor caminó conmigo".


Exodo capítulo 15 habla de una de las experiencias más agridulces de los hijos de Israel.


Acababan de dejar el Mar Rojo, donde el Señor había obrado un milagro poderoso y los libró de los males de Egipto.


Elevaron sus voces y cantaron, danzaron y alabaron a Dios por su dirección.


Apenas tres días después, parecían haberse olvidado de la manera en que los guió el Señor.


El agua se acabó, y estaban sedientos. En vez de mirar a Dios, su libertador –que solo días antes había castigado a Egipto con plagas severas y liberado a su pueblo, y que después los había dirigido a través del Mar Rojo y destruido a sus enemigos –se olvidaron de lo que Dios podía hacer.


Muchos de nosotros hemos acampado en Mara durante demasiado tiempo. ¿Qué nos hace quedar tanto tiempo en Mara? ¿No es hora de que clamemos a Dios por ayuda? Tenemos poder a nuestra disposición, solo para los que lo piden. Algunas Maras pueden volverse dulces solo por medio de la oración y el ayuno e invocando constantemente a Dios.


Al igual que el Jacob de antaño debiéramos decirle al Señor: "No te dejaré, si no me bendices".


O quizá estamos buscando la clase de ayuda equivocada. El salmista David dice: "Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra".


Cuando los israelitas partieron de Mara, Dios los guió a Elim, un oasis con doce fuentes de agua y 70 palmeras. ¡Qué cambio refrescante! Las gozosas voces del pueblo llenaron de alegría el árido desierto cuando la gente vio las frescas palmeras y las fuentes de agua. El viaje de la vida tiene sus Maras.


Pero también encontramos Elims para refrescarnos. Mientras sigamos la dirección de Dios, las experiencias amargas, al igual que los momentos de refrigerio pueden desarrollar fortaleza en nosotros para nuestro viaje hacia el hogar.


Jacqueline Hope Hoshing-Cadke.


Dios te Siga Bendiciendo.


Marcelo y Graciela.

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