EL ARADO
Porque he aquí, yo estoy por vosotros, y a vosotros me volveré, y seréis labrados y sembrados. (Ez 36:9)
Dios no usa el arado y el trillo sin una intención! Cuando Dios ara es porque quiere sembrar. Cuando nos ara demuestra que está a nuestro favor y no en contra nuestra. El labrador nunca se halla tan cerca de la tierra como cuando la está a arando.
¡Y es entonces cuando pensamos que El nos ha abandonado!
El que labre en ti es la mejor prueba de que él tiene un alto concepto de ti, y piensa que vale la pena cultivarte. El no malgasta su tiempo arando arena estéril. No arará continuamente, sino por un tiempo solamente y con un propósito bien definido. Dentro de poco tiempo pondrá fin a ese proceso. “El que ara para sembrar, ¿arará todo el día? ¿Romperá y quebrará continuamente los terrones de la tierra?” (Is 28:24) ¡Por cierto que no! Pronto, muy pronto, a través de este doloroso proceso, y por sus suaves lluvias de gracia, nos transformaremos en tierra fértil y fructífera. “Y la tierra desolada será labrada… y dirán: Esta tierra, que era asolada ha venido a ser como huerto del Edén (Ez 36:34, 35). De esta manera seremos motivo de alabanza al Señor.”
Josefina Butler dijo: Antes que una vida entre en actividad exteriormente visible, algún alma debe sufrir los dolores del parto. El que quiera librarse del proceso que se necesita para llegar al fruto, debe borrar las arrugas del rostro de Lincoln, convertir a Pablo en un mero estético, y despojar de su santidad al Divino Sufriente. No podemos disfrutar de los resultados de la cosecha sin pasar por el proceso de cultivo. ¡El precio hay que pagarlo!
¡Oh Dios! ¿Aras Tú esta tierra inservible con amor, con el arado agudo del dolor? Pero, ¡contempla la alegría de los campos llenos de madura mies! Amado Labrador, ¡bien vale la pena pasar por los dolores del cultivo para obtener estos dorados
granos! Sra. De Cowman.
Extraído del libro Manantiales en el desierto, segundo tomo, Señora Cowman, Editorial Logoi-Unilit, 1976.
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