CREO EN DIOS O LE CREO A DIOS
Al empezar a asistir a grupos caseros cristianos, a cultos de jóvenes o a los cultos dominicales, muchas veces, por no decir casi siempre, llegamos teniendo muchas necesidades; se dice que una Iglesia del Señor es como un hospital: una persona sana no necesita de sanidad, pero los enfermos son los que necesitan del vital remedio que es Jesucristo.
Como todos los que llegamos a los Caminos del Señor, somos realmente necesitados de sanidad, en diversas áreas de nuestras vidas, especialmente del pecado (Marcos 2:17).
Aunque siempre estamos necesitados, siempre que empezamos a conocer la Verdad que es Jesucristo, tenemos un pequeño impedimento que nos limita que Dios obre en nuestras vidas: la incredulidad. “¿Incredulidad? Pero si yo creo en Dios”, dirán algunos. O quizás responderán otros: “Yo conozco quién es Jesucristo”. O por último: “Ya he leído la Palabra”
Muchos de nosotros, podemos tener miles de excusas como estas o quizás mejores. Todos creemos en Dios; La Palabra de Dios nos dice que hasta los demonios creen y tiemblan ante Dios (Marcos 1:34) (Santiago 2:19)
La verdad es que todos podemos creer en Dios y, aún así podemos ser incrédulos. ¿Cómo es posible esto? Sencillo: podemos creer fácilmente que Dios existe, pero no creer que puede hacer algo real para cambiar nuestra vida.
La fe se puede resumir transformando las tres excusas que vimos anteriormente:
- En vez de creer en Dios, debemos creerle a Dios, sabiendo que Él tiene el Poder, la Autoridad para cambiar nuestra vieja manera de vivir (Hebreos 13:15) (Efesios 4:22-24) (2 Corintios 5:17)
- En vez de conocer quién es Jesucristo, sepamos quién es Jesucristo. El saber implica un paso más intimo que el conocimiento; algo clave que debemos saber es que Cristo es nuestro Salvador, nuestro Único Mediador entre nosotros y Nuestro Padre Celestial y que Él es nuestro Único Camino, Verdad y Vida (1 Timoteo 2:3 – 5)
- En vez de leer La Biblia, vivamos conforme a La Palabra de Dios, porque solamente así conoceremos y sabremos quién realmente es nuestro Dios (Romanos 10:17) (Efesios 1:13); solamente así podremos ser llamados bienaventurados, es decir, santos elegidos de Dios (Lucas 11:28)
Debemos empezar a romper con las ideas que tenemos en nuestras cabezas; debemos romper con cada estructura mental que Satanás ha puesto sobre nuestras mentes y ha nublado nuestro entendimiento; debemos empezar a caminar por fe (2 Corintios 4: 3–4). Si esperamos en Cristo, como una figura que solamente está tallada en madera, flaca y desnutrida, que da más pena que gloria, cómo podemos esperar cambiar, si nuestro dios es solamente una piltrafa humana, un hombre crucificado, destruido, molido (1 Corintios 15:19).
¡Tenemos un Cristo resucitado, vivo, sentado a la diestra del Dios Padre, esperando que cada uno de nosotros tengamos la oportunidad de ser salvos! (1 Timoteo 4:10)
¿Quieres empezar a creerle a Dios? Nuestro Señor Jesucristo está esperando por vos; solamente quiere que abras tu corazón para que Él empiece a cambiar tu vida. ¡Acéptalo y vive dentro de la Promesa!
Escrito por ministeriolxc
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