La Gracia de Esperar
Oh Dios mío, de mañana oirás mi voz;
De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré.
Salmos 5:3
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No hay duda de que una de las cosas que menos nos gusta hacer es esperar. Esperar a que el médico nos atienda, esperar en el supermercado en una fila interminable en la caja, esperar tu turno para pagar en el banco, etc. etc.
Tal parece que también traemos con nosotros nuestra impaciencia cuando llevamos algo al Señor en oración y queremos una respuesta al instante. Y si Dios no responde de inmediato, entonces, se rinde y piensa: "Creo que Dios no me escucha", "siempre que pido por mi, nunca sucede nada".
Tener una actitud de desesperación no favorece a la fe. Cuando David tenía apenas 16 años de edad, Dios envió al profeta Samuel a ungirlo como rey, luego pasarían dieciséis años más para que esa promesa se cumpliera. ¿Qué hizo David durante ese tiempo? ¿Se quejaba exigiéndole a Dios su reino? De ningún modo. David entendía que Dios era fiel y también sabía que Dios es Señor del quién y del cuándo, así que esperó.
¿Hay algo que Dios no responde? Tal vez no habías comprendido la gracia de esperar en fe, pero ¿Qué tal ahora, estás dispuesto a esperar? Si te resulta difícil mantenerte paciente, habla con el Señor y dile que su "demora" aún no la comprendes y que solo confías que El tiene todo bajo control y en su tiempo. (Sal. 52:9)
¿Quieres aprender a esperar? Aquí está la clave: Nosotros estamos limitados por el tiempo pero Dios no. Porque Dios no solo ve el aquí y el ahora, El considera todo el panorama de tu vida y aún más allá de tu vida natural. Así que, si El te contesta ¡Gloria a Dios!, pero si El no te contesta, entonces, sigue confiando pues El sabe lo qué es mejor para ti. (Sal. 71:14)
Esperar es tener confianza en la decisión de Dios y no en lo que nosotros queremos que suceda. (Heb. 10:35-36)
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Dios te Bendiga
Gentileza Juan Romero.
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