Dios escucha su clamor
Dedicó dieciocho años de su vida a la empresa. Inicialmente como mensajero, después como recepcionista y, por ultimo, como supervisor. Era dedicado. Llegaba a primera hora, y cabe decirlo, el que salía más tarde.
Todo pasó por su mente, menos que un día pusieran en tela de juicio dos cosas que consideraba pilares de su servicio: la primera, la lealtad, y la segunda, la honradez.
Lo despidieron tras unirlo a una investigación por una defraudación millonaria. En el asunto estaban comprometidos varios empleados. Sustraían productos que vendían, a menor precio, en supermercados de la ciudad.
Les insistió que era inocente. Presentó pruebas de que los reportes, que entregaba rigurosamente todos los viernes pasadas las cinco de la tarde, estaban en regla y coincidían con el movimiento de carga. Pero de nada valieron sus explicaciones.
En la angustia que le despertó la situación, que además de injusta calificó como demoledora para su estabilidad económica y la de su familia. Clamó a Dios. Pidió con insistencia que lo oyera. "Sólo tú puedes hacer justicia", le decía.
Al terminó de las investigaciones, quedó claro que además de inocente, era uno de los pocos que podía probar transparencia en su desempeño. Y volvió a la empresa por la puerta grande. Muchos le recomendaron demandar, pero él se limitó a regresar, y seguir probando con su ejercicio diario en el trabajo, que manifestaba honradez en todas sus acciones.
Dios no nos abandona en los momentos difíciles
Justo cuando enfrentamos momentos difíciles, sentimos en lo más profundo de nuestro corazón que Dios nos olvidó. Pero no es así. Aún cuando la tormenta arrecia, el Señor ha estado a nuestro lado. Él espera que clamemos y que no sigamos luchando en nuestras fuerzas.
En la Biblia aprendemos que Él es fiel, nos ama y nos atiende en los momentos de crisis: "Yo estimo a los pobres y contritos de espíritu, los que tiemblan ante mi palabra" (Isaías 66:2 b. Nueva Versión Internacional).
Es probable que en este preciso instante atraviese por una etapa crítica. Está tan presa de la angustia, que se olvidó de considerar a Dios. No ha ido a Su presencia en procura de ayuda. Es hora de que lo haga. Recuerde siempre que, tomados de su mano, obtenemos la victoria.
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