"Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén." Jesús. (San Mateo 28:20).
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PERLA BIBLICA: La unidad del Espíritu, los dones y el crecimiento
La unidad del Espíritu, los dones y el
crecimiento
1
Por eso yo, preso en el Señor, os ruego que andéis
como es digno de la vocación con que fuisteis llamados,
2
con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con
paciencia los unos a los otros en amor,
3
solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el
vínculo de la paz;
4
un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también
llamados en una misma esperanza de vuestra vocación;
5
un Señor, una fe, un bautismo,
6
un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y
por todos, y en todos.
7
Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia
conforme a la medida del don de Cristo.
8
Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva
la cautividad, Y dio dones a los hombres.
9
Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había
descendido primero a las partes más bajas de la tierra?
10
El que descendió, es el mismo que también subió por
encima de todos los cielos para llenarlo todo.
11
Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros,
profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,
12
a fin de perfeccionar a los santos para la obra del
ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,
13
hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del
conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura
de la plenitud de Cristo;
14
para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados
por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para
engañar emplean con astucia las artimañas del error,
15
sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en
todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,
16
de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido
entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad
propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.
17
Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no
andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente,
18
teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de
la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón;
19
los cuales, después que perdieron toda sensibilidad,
se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.
20
Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo,
21
si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él
enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús.
22
En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del
viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos,
23
y renovaos en el espíritu de vuestra mente,
24
y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la
justicia y santidad de la verdad.
25
Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad
cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.
26
Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre
vuestro enojo,
27
ni deis lugar al diablo.
28
El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo
con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece
necesidad.
29
Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca,
sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los
oyentes.
30
Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el
cual fuisteis sellados para el día de la redención.
31
Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira,
gritería y maledicencia, y toda malicia.
32
Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos,
perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.
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