"Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén." Jesús. (San Mateo 28:20).
La Iglesia – Alrededor del mundo – A través de la Red – Aconsejando al Necesitado.
Páginas
▼
BIBLIA: Fe y sabiduría
La Biblia, Nuevo Testamento, Santiago Capítulo
1
Fe y sabiduría
1
Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a
las doce tribus de la dispersión: Salud.
2
Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis
en diversas pruebas,
3
sabiendo que la prueba de vuestra fe produce
paciencia.
4
Mas tenga la paciencia su obra completa, para que
seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.
5
Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría,
pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.
6
Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que
duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de
una parte a otra.
7
No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa
alguna del Señor.
8
El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus
caminos.
9
El hermano que es de humilde condición, gloríese en
su exaltación;
10
pero el que es rico, en su humillación; porque él
pasará como la flor de la hierba.
11
Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la
hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se
marchitará el rico en todas sus empresas.
12
Bienaventurado el varón que soporta la tentación;
porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha
prometido a los que le aman.
13
Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de
parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a
nadie;
14
sino que cada uno es tentado, cuando de su propia
concupiscencia es atraído y seducido.
15
Entonces la concupiscencia, después que ha
concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la
muerte.
16
Amados hermanos míos, no erréis.
17
Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de
lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de
variación.
18
El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de
verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.
19
Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea
pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse;
20
porque la ira del hombre no obra la justicia de
Dios.
21
Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia
de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar
vuestras almas.
22
Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente
oidores, engañándoos a vosotros mismos.
23
Porque si alguno es oidor de la palabra pero no
hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su
rostro natural.
24
Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego
olvida cómo era.
25
Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la
de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de
la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.
26
Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no
refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana.
27
La religión pura y sin mácula delante de Dios el
Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y
guardarse sin mancha del mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario