"Que vuestro si sea si, y vuestro no sea no porque lo que es mas de esto de mal procede". Mt 5:37
Tremendo poder tienen las palabras habladas, y también las escritas.
Dios hizo toda la creación por la palabra hablada de su poder, en fe, en su tiempo eterno y con toda su autoridad.
Nuestras palabras como criaturas e hijos/as de Dios y hechos a su imagen, tienen poder en el mundo espiritual y material.
Muchos libros se han escrito sobre el poder de las palabras. De joven, en mi trabajo, vi a mi jefa que estaba leyendo un libro, titulado "el poder de las palabras". No siendo creyente practicante quedé impactado por el título, y sentí que ese libro podía darme poder para mejorar las relaciones sociales y obtener mis objetivos.
No llegué a leerlo pero al convertirme al Señor, su iglesia y su palabra me enseñaron la importancia de la conversación diaria, en la relación social y en la relación de mi mundo interior.
Las palabras pueden dar vida o matar, así lo enseña Dios. El reino de los cielos no es visible, se ingresa a el a través de la confesión de nuestra boca cuando oramos, declaramos y practicamos el cristianismo completo. Entonces ahí entendemos que nuestra confesión es como una llave que abre la puerta del cielo.
El peligro es cuando nuestro hablar, producto de lo que hay en nuestro corazón, motivado por los agentes externos que nos presionan, es negativo. Todo nuestro mundo se torna oscuro, -¿por qué? dirá usted, porque confesamos maldición en vez de bendición.
Entonces, la pregunta será ¿como podemos vivir en un mundo de luz?
La respuesta es confesando correctamente de acuerdo a la palabra de Dios y a una vida conforme al agrado de El.
Día a día nuestras palabras, pueden darnos grandes triunfos como grandes derrotas. En lo personal, en lo familiar, en lo social, y en lo espiritual, nuestro hablar marca el camino que queremos vivir.
Si queremos vivir una vida de bendición, nuestro hablar debe ser sí, sí o no, no, y no más de esto, porque lo que es de más, puede proceder del mal.
El hablar de más pueden ser las quejas, los desprecios, los juicios, la mala autoestima, etc.
La procedencia del mal puede ser generada por presiones externas, stress, vida espiritual débil, ignorancia, imprudencia, problemas sociales,etc. Por ello debemos corregir y atender a esas situaciones de manera prioritaria.
Oración:
Señor Jesús, Maravilloso Señor, vengo a ti. Tu eres el ejemplo a seguir en cuanto de hablar se trata. Tu dijiste palabras de bendición, y si fuiste duro en el hablar fue para corrección, edificación y disciplina. Enséñame a cuidar mi hablar, mejorarlo para bendición y edificación del reino de los cielos en la tierra, en mi vida, y en la relación con otros. Amén.
Acción:
Medite un tiempo, y examine como es su conversación diaria en relación a su vida espiritual y social. Corrija y mejore las palabras que no benefician, y aumente las palabras que si lo benefician.
Por Marcelo Quiroga.
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