La vida
es guerra. Guerra por supervivencia, superioridad, inteligencia, habilidades,
poder, riquezas y espiritualidad.
Cada uno
de nosotros diariamente vive compitiendo con alguien, sea para bien o para mal.
Fuimos
creados para avanzar o retroceder, ganar o perder, saber o permanecer en la
ignorancia, tener o no tener, y de eso depende la lucha.
La
guerra comenzó en el cielo, en la eternidad, cuando el ángel lucifer se rebeló
contra Dios y decidió competir por la autoridad existencial mundial.
Este con
sus contrataciones logró engañar a la tercera parte de los ángeles buenos, los
cuales fueron desterrados del trono de Dios, por su pecado contra el Altísimo.
Se transformaron en demonios que son aquellos que afligen a la humanidad.
Todos
estos junto al diablo fueron lanzados a la tierra como castigo, y destinados a
actuar como agentes de sanción por si la creación humana seguiría sus mismos
pasos.
Fueron
puestos como ejemplo de lo que no se debe hacer hacia Dios que es el Rey del
Universo.
Más a
todo esto, el cristiano principalmente tiene una batalla contra el mal. No
tanto el incrédulo, pues está dominado por el diablo en su pecado e iniquidad.
El
hombre combate también con su mente alejada de Dios y de sus leyes, que lo
lleva a vivir una vida deshonesta, incorrecta, impura e injusta.
Desde
que ingresó el pecado original, el hombre y la mujer, sostiene el duro desafío
de superar la debilidad que la desobediencia le causó.
Para
ello tiene que ganarse el pan con el sudor de su frente, soportar la dominación
de las autoridades y poderes, mantener su cuerpo físico y espiritual, convivir
con otras personas diferentes a él, defenderse de las malas gentes, atender a
las enfermedades, resistir a su enemigo principal el diablo y sus demonios,
sortear obstáculos, ejercitar las emociones, sentimientos, moral y ética, tener
sus necesidades básicas y avanzadas satisfechas, crecer y lograr metas y
objetivos de superación personal, etc.
También
combate con un mundo egoísta, avaro, malo, egocéntrico, disoluto, vanidoso,
peleador, injusto y no confiable. Y esta lucha lo agota a éste hasta más no
poder.
Entonces
vemos que nuestro camino no está sembrado de rosas, sino de espinos y cardos.
Por eso
es la urgente decisión de armarse de Dios para hacer frente a todo esto.
El Apóstol
Pablo en Efesios 6 nos describe las características de la Armadura de Dios y
que debemos ponernos para soportar esta dura guerra que nos toca vivir a todos
desde el día en que nacimos.
La
verdad, la justicia, la paz, la fe, la salvación, y la palabra de Dios son los
ingredientes necesarios para esta batalla.
Si
optamos por caminar con Dios las cosas nos irán bien (… porque entonces harás
prosperar tu camino y todo te saldrá bien, Josué 1:8). Difícil será si nos
ponemos la armadura del diablo, a saber, la mentira, la injusticia, la guerra,
la incredulidad, la disolución, y las filosofías falsas en la vida.
Este
libro, con sus 365 oraciones, tiene el objetivo de ayudarlo a orar a Dios, consolar
su alma, esperar en la ministración divina para el día, y concientizarse
de la lucha espiritual contra el mal en todo tiempo.
La idea
es que nos concienticemos de esta brega diaria que experimentamos todos (… así
el hombre nace para la aflicción, Job 5:7b), con el fin de vivir una vida de
bendición con Dios y con su reino celestial.
Necesitamos
la ayuda divina como fue planeada por Dios desde el principio de los tiempos.
No
podemos andar solos, desprotegidos, ignorantes, desamparados, debilitados, y
carenciados en un universo en guerra constante.
Es hora
de que conozcamos la Armadura de Dios a nuestra disposición, la tomemos y la
usemos para ser vencedores y no perdedores en la historia de nuestra vida.
Lic. Marcelo
Enrique Quiroga
Autor
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