Lucha Interior
"Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse" (2 Timoteo 2:15).
Un hombre ya de cierta edad, queriendo aconsejar a un joven que mostraba cierta rebeldía junto a la familia, le contó una historia: Dijo que sentía que había dos personas invisibles morando dentro de él, que no cesaban de luchar entre sí. Una era muy mala y siempre lo pujaba para el camino errado; a otra era buena y buscaba conducirlo por el camino de Dios. Paró la narrativa por un instante y el joven le preguntó: "¿Cual de las dos personas el señor cree que vencerá la contienda?" La respuesta fue inmediata: "Al que yo alimente."
¿A quién nosotros estamos alimentando en nuestros conflictos internos? El lado que insiste en los placeres fútiles y pasajeros, ¿o el lado que nos sugiere prudencia, humildad, reconocimiento de qué sin el Señor nada somos y nada podemos hacer?
¿Estamos dando más atención aparte de nosotros que dice que somos derrotados, que nunca hicimos nada de real valor, que nacemos para ser perdedores, o la parte que nos anima a buscar, con perseverancia, todos nuestros ideales de éxito y victoria?
¿Quien subirá en el podio de nuestra vida -- el bueno o el malo, el cierto o el errado, la luz o las tinieblas, la
alegría o la tristeza, Cristo o el mundo?
Que podamos mantener firme nuestra pureza delante de Dios. Que vivamos de tal modo que jamás avergoncemos su santo nombre. Que el brillo del Señor sea visto en nosotros y que nuestras luchas interiores tengan siempre el mismo vencedor: Jesús Cristo, nuestro amado Salvador.
Enviado por Paulo Barbosa para grupoevangeliodegracia@yahoogroups.com.
No hay comentarios:
Publicar un comentario