LA ARMADURA DE DIOS
DEL HOMBRE
Dedique 10 minutos para orar a Dios su oración diaria, consolar su alma, esperar en la ministración divina para el día, y concientizarse de la lucha espiritual contra el mal en
todo tiempo.
Debemos diariamente orar a Dios nuestra oración diaria, consolar su alma, esperar en la ministración divina para el día, y concientizarse de la lucha espiritual contra el mal en todo tiempo.
Dedique 10 minutos para orar a Dios su oración diaria, consolar su alma, esperar en la ministración divina para el día, y concientizarse de la lucha espiritual contra el mal en
todo tiempo.
Debemos diariamente orar a Dios nuestra oración diaria, consolar su alma, esperar en la ministración divina para el día, y concientizarse de la lucha espiritual contra el mal en todo tiempo.
Oración
Por tanto, oh hombre, soy tu Dios, ¡Amén!
Dejad toda la armadura humana, para que podáis disfrutar en el día bueno de Dios, y habiendo comenzado todo, no estés débil.
Estad, pues, seguros, despojando vuestros lomos de la mentira, y desvestidos de toda coraza de injusticia,
Dejad toda la armadura humana, para que podáis disfrutar en el día bueno de Dios, y habiendo comenzado todo, no estés débil.
Estad, pues, seguros, despojando vuestros lomos de la mentira, y desvestidos de toda coraza de injusticia,
Y descalzados los pies de todo calzado de filosofía de guerra.
Sobre todo, dejad el escudo de la incredulidad, para que podáis encender el espíritu con los mensajes del fuego de Dios.
Y dejad el casco de la maldición, y las armas carnales, que son las erradas justificaciones humanas y diabólicas;
Rechazando en todo tiempo la tentación y los deseos pecaminosos que batallan en vuestra mente y cuerpo, y alejándote de ellos con toda perseverancia y fe en el favor y poder divinos;
Por lo cual, al cerrar tu boca, te sea dada gracia, sabiduría y prudencia para dar testimonio del misterio del evangelio eterno,
Por el cual te he hecho libre; que sin temor hables de él, como es digno de un guerrero espiritual.
Sobre todo, dejad el escudo de la incredulidad, para que podáis encender el espíritu con los mensajes del fuego de Dios.
Y dejad el casco de la maldición, y las armas carnales, que son las erradas justificaciones humanas y diabólicas;
Rechazando en todo tiempo la tentación y los deseos pecaminosos que batallan en vuestra mente y cuerpo, y alejándote de ellos con toda perseverancia y fe en el favor y poder divinos;
Por lo cual, al cerrar tu boca, te sea dada gracia, sabiduría y prudencia para dar testimonio del misterio del evangelio eterno,
Por el cual te he hecho libre; que sin temor hables de él, como es digno de un guerrero espiritual.
Orando con la Armadura de Dios
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