AUTOBIOGRAFIA
DE ISAIAS
Hola, mi nombre es Isaías, hijo de Amoz, Profeta de Jehová,
casado, con dos hijos que Dios me dio para señal al pueblo de Israel. Nacido
entre el 770 y el 760 antes de Cristo.
De alta alcurnia, fui llamado por el Altísimo Jehová de
los Ejércitos, tres veces santo, al cual vi junto a serafines que le adoraban,
y ante el cual caí como muerto a sus pies. Eso fue en el año 740 a.C.
Si, ustedes dirán como el Apóstol Juan en la Isla de
Patmos, algo así.
Mi vida no fue fácil, pues tuve que emitir juicio y salvación
al mismo tiempo por el pueblo de Israel que había pecado en extremo contra el
Señor.
Idolatría al extremo, maldad, pecados sexuales, opresión
social, hipocresía, ignorancia, rebeldía, injusticia, agravio y desamparo
social, apostasía, etc., habían hecho caer a Israel, al punto de que nada sano había
en él, desde la punta de la cabeza a los pies.
Por voluntad de Jehová, mi ministerio duró
aproximadamente 50 años, y llegué a los 85 años de edad.
Fui muerto por una sierra de madera cuando me escondía de
los enviados por Manases, los cuales me acusaron de hablar mal de Israel y de Judá.
Pero mi mensaje fue claro. Con cuadros, ilustraciones, parábolas,
símiles, señales, y metáforas, declarando el mandato divino que me fue
encomendado. Pero no lo he hecho solo sino con la fuerza de Dios en mí.
También
él envió profetas que me acompañaran en la misión. Pues no me ha dejado solo el
Poderoso de Israel.
Mi nombre declara "Jehová Salva", a su Pueblo
escogido Israel, y a todos aquellos que se injertan en su olivo verde.
Tuve la dicha de juzgar a las naciones paganas, que
aunque escogidas por Dios para enseñar disciplina a su pueblo, se excedieron en
el castigo, y por ellos Jehová me envió a juzgarlas y a castigarlas por su
pecado.
Fui contemporáneo a Miqueas para Judá. Vi reyes buenos y
malos, puestos para guía a Israel. Uzias, Jotan, Acaz, Ezequías, y Manases.
Mi libro dura 46 años, y fue entre el 701 al 681 A.C.
Tuve más dicha, de poder ver al Ungido de Jehová, Al Rey
de reyes y Señor de los señores, al Mesías escogido, el cual es el Cordero de
Dios que quita el pecado del mundo, Jesús de Nazareth, el Rey, es su majestuoso
nombre. ¡Aleluya!
Me gocé en ese día, y por la salvación que Jehová traería
al pueblo en medio de tanta aflicción física y persecución espiritual.
Fui llamado príncipe de los profetas, aunque todos los
profetas somos iguales ante el Eterno Hacedor.
Aunque escribí del capítulo 1 al 39, tuve a mis
discípulos, a Deutero y a Trito que completaron mi libro. Ellos añadieron más
consuelo que juicio, y que da paz y esperanza a su pueblo escogido.
De parte de mi esposa, profetiza, tuve dos hijos como les
comentaba, los cuales fueron señales a Israel. El mayor Sear-Jasub, que
significa un remanente volverá, y Maher-Salal-Hasbaz, que significa el despojo
se apresura.
No tuvieron resistencia cuando fueron grandes en
cambiarse sus nombres, pues fueron usados por el Creador para sus planes
eternos.
Yo también fui de señal por tres años, pues estuve
desnudo y descalzo, como señal del cautiverio de Egipto y Etiopia. Esto también
fue para disuadir a Ezequías de aliarse con Egipto, para que no ponga su
confianza en ellos.
De mi habla el libro de Hebreos, pues como tantos
enviados por Dios, fueron puestos a prueba, y dignos de padecer por causa de Jehová,
su Hijo, y el Espíritu de él.
También fui asesor, estadista, poeta, orador y escritor,
por la misericordia del Altísimo Dios.
Profeticé a Judá bajo la sombra amenazadora del poder
Asirio.
Siempre hubo alianzas políticas, ayudas vanas,
esclavitud, maldad, socorro inútil, y reyes conflictivos. Sin contar con falsos
profetas que se decían hablar en nombre de Jehová, pero que eran falsos. Estos hacían
creer a Israel y a Judá, de que con su malvado comportamiento podían heredar la
tierra prometida y la liberación, pero no fue así. A Jehová Dios de toda carne
no se lo puede engañar. Pues la paga del pecado y la maldad es la esclavitud y
muerte espiritual.
Pero vi milagros y maravillas sin iguales sirviendo a
Dios. Vi visiones mesiánicas, el Rey Ezequías clamando a Jehová y éste dándole
15 años más de vida. Vi al pueblo de Israel y Judá llevados cautivos, unos a Asiria
en el 722 aC, y otros a Babilonia en el 586 a.C. Lástima que no pude ver su
regreso en el 536 a.C.
También vi como Jehová libró a Judá de Senaquerib,
enviando mortandad a 185.000 soldados, pues quién podría contra mi Dios, justo
y fiel, que ama y que aborrece, que crea la luz y la adversidad, que da vida y
da muerte. El dice "Yo Jehová", ese es mi nombre, y no daré mi gloria
a otro. Antes de todo yo era, y no hay quien de mi mano libre. Que escoge a
Israel su siervo, que dice de él, cumplirá el propósito que he establecido para
ellos y para toda la humanidad.
Además vi al Rey Uzias queriendo reemplazar a mis
sacerdotes, pues le brotó la lepra delante de ellos. Porque irrevocables son
los dones y los talentos de Dios.
Mi corazón se partía, cuando veía a sus reyes, desviándose
de su palabra y su voluntad, pues profanaban el templo, ofrecían sacrificios a
dioses paganos quemando a sus hijos/as, se mezclaban con naciones idolatras, y cambiaban
el diseño del templo de Jehová. Por lo cual, los puso en oprobio como ejemplo
de los que habían de vivir impíamente delante de él.
Siendo Israel una viña escogida para Jehová, dio malos
frutos, pero dará buenos frutos en su tiempo, cuando se acuerden de él y se
arrepientan de su pecado. Estos pasarían por el horno de aflicción que Jehová encendería
para santificación.
Por otro lado, vi Reyes Asirios como Tiglat-Pileser, que
invadieron Israel en el 734 aC, y que eran presagio de caída, pero ni aún así
se arrepintieron de sus pecados cometidos.
Mi mano estaba extendida, tanto para salvar como para
castigar, pero mi furor no se detendría por los pecados de mi pueblo Israel y Judá,
así como mi salvación, no se detendrá, dice el Señor.
Otro rey Asirio, Salmanazar, quien sitió a Israel y
Samaria y la llevó cautiva a Asiria, dando por final el juicio anticipado para
el Reino del Norte.
Mientras el pueblo de Judá fue cautivo por 70 años,
fueron afligidos, pero si se sometían a su castigo por medio de los Babilónicos,
su obediencia salvaría sus almas. Aunque algunos de sus reyes y escogidos no
entendieron la oportunidad ofrecida por Dios.
Pero Jehová, amó a Israel y a Judá, a tal punto que lo
llamaba gusano de Jacob, humilde, indefenso, tan poco, pero con él sería
valiente, fuerte, y pueblo escogido por Jehová Dios de los Ejércitos de Israel,
que trillaría montañas.
Mas el recto Jesurum cumpliría su voluntad tarde o
temprano, pues con cuerdas de amor lo atraería hacia él.
Como profeta del Altísimo, he visto tanto, que no temí la
muerte cuando fui alcanzado para martirio y sacrificio santo.
Vi al único Ungido de Jehová, Jesús de Nazareth, quien salvaría
al mundo de su perdición; quien pondría su cara como un pedernal cuando le castigarían
y le desfigurarían su rostro y su parecer. Santo es su Nombre.
Vi a Jehová cara a cara y no morí, sino que fui perdonado
y santificado con carbón encendido.
Vi el milenio y la esperanza del Israel de Dios.
Vi a reyes reinar y caer, creyentes y no creyentes,
siendo instrumentos de Jehová.
Vi a Ciro, el Ungido de Jehová, que posibilitaría que Judá
vuelva a su tierra amada y gloriosa. Pues las almas son todas de Dios.
Los que me airaron pero yo sin pecar, fueron los
funcionarios del rey de Babilonia, el Tartán, el Rabsaces, y el Rabsaris, que querían
confundir a Judá de su confianza en Jehová Dios.
También cuando mis reyes ponían su confianza en el brazo
de las naciones paganas y no en el Señor. Egipto, y demás naciones poderosas y
vecinas.
Por ello, usé mi vara, báculo y hacha de mi poder, al Rey
de Asiria, para ejecutar mis juicios y autoridad divina.
Fui atalaya de Jehová para Judá, y no tengo de que
quejarme. Soy un agradecido al Dios único y verdadero, Jehová el "Yo
Soy" o Jah, quien me puso para arrancar y para edificar, para declarar y para
salvar, para padecer y para reinar con él, en mi tiempo y en la eternidad.
Bendito por los siglos. Amén.
Mi libro puede resumirse en la frase “Sion será redimida
por la rectitud”.
Sé que Judá volverá a su tierra, y edificará el templo de
Jehová, y le adorarán, y será tan glorioso que si le siguen con misericordia y
verdad, durará por los siglos de los siglos. Amén.
por Marcelo Quiroga, Profesor de Profetas Mayores I, para los Alumnos de 4to Año del Seminario de Líderes de Catedral de la Fe, Agosto 2016.
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